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Publicado en NACIONAL Miércoles, 18 de abril de 2018 08:00

Debates económicos abiertos

José Ramón Díez Guijarro (Bankia Estudios) | Al hilo del retorno de las posiciones proteccionistas, los capítulos de análisis adelantados por el FMI del WEO (World Economic Outlook) contribuyen a iluminar este debate que se ha abierto en los últimos meses.

 

Detrás del America First se encuentra la idea de que buena parte de los problemas de la economía americana y del resto de países OCDE han venido causados por el declive del sector industrial. La proporción de empleados en el sector manufacturero ha descendido de forma generalizada en los últimos 50 años, lo que ha sido tradicionalmente identificado con un menor crecimiento económico y con un aumento de la desigualdad. La idea que predomina en la literatura económica es que el paso de una economía manufacturera hacia una de servicios suele llevar asociado un enfriamiento y una menor productividad del conjunto de la economía. No obstante, en el análisis más detallado del FMI (gracias a nuevas bases de datos) se refleja que existen subsectores dentro de servicios, tales como transportes, telecomunicaciones y financiero, donde el crecimiento de la productividad iguala o supera el de los manufactureros más productivos. Ese tipo de subsectores no son insignificantes, sino que suponen en la actualidad en torno al 30% de los empleados en el sector servicios y el 20% del empleo total. Solo hay que repasar la importancia que van ganando en el superávit de servicios de nuestro país, aquellos sectores no relacionados directamente con el turismo, para darse cuenta de dónde se ubican los nuevos nichos de productividad.

 

En la misma línea, en otro capítulo de análisis, el FMI destaca que la globalización ha incrementado la difusión del conocimiento y de la tecnología más allá de las fronteras, contribuyendo a elevar el crecimiento potencial de los países. El mundo nunca ha estado tan integrado como en la actualidad, lo que permite que las innovaciones se difundan rápidamente, y esa transferencia de conocimiento y tecnología ha sido fundamental, especialmente para las economías emergentes. Además, el organismo ubicado en Washington también destaca que uno de los factores que se encuentra detrás de este aumento de la innovación global ha sido el desarrollo de las cadenas de producción globales.

 

Todas ellas son cuestiones que permiten enmarcar lo que preocupa a mercados y analistas a corto plazo que es el futuro de Chimérica, el neologismo inventado por Niall Ferguson para describir el pacto no escrito, por el cuál China le ha estado vendiendo todo tipo de productos a Estados Unidos en las últimas décadas, engordando su superávit comercial bilateral hasta más de 350.000 millones de dólares (275.000 según los chinos), a cambio de invertir los dólares obtenidos en bonos americanos. Una estrategia que ha favorecido a los dos lados de la ecuación (lo que los modernos llaman un win-win), pues mientras China ha experimentado un desarrollo económico sin parangón, multiplicando por sesenta la renta per cápita media desde 1980 (de 300 a 18.000 dólares en PPA), los consumidores americanos han podido acceder a una gama de bienes de consumo con mejor calidad-precio, en un contexto de estancamiento de los salarios reales, a la vez que el mercado de bonos americano experimentaba el período alcista más dilatado de la historia, abaratando el coste de financiación de todos los agentes de la economía americana. En este contexto de incorporación de China y sus países satélites a la cadena de producción global, los intercambios de bienes y servicios se convirtieron en el principal motor del crecimiento mundial, con una profunda transformación de las cadenas de valor que han optimizado las ventajas competitivas nacionales, como refleja la importancia relativa que han ganado las importaciones y exportaciones de bienes intermedios en los flujos comerciales. Esta es la historia del modelo de crecimiento mundial desde finales de los 70, con sus luces y sus sombras.

 

Pretender cambiar este equilibrio, de la noche a la mañana, parece una tarea poco factible, incluso para Trump y, sobre todo, desaconsejable, teniendo en cuenta los potenciales efectos desestabilizadores que ocasionaría en el tejido económico y los mercados financieros. Más bien parece que el presidente americano busca alguna contrapartida que ofrecer a sus electores de cara a las elecciones de mitad de mandato que se celebrarán en otoño (midterm elections), en las que se renovará la totalidad de la Cámara de Representantes y 34 de los 100 escaños del Senado. La noticia de que Estados Unidos podría volver al acuerdo de libre comercio del Pacífico (TPP), después de abandonarlo en enero de 2017, apoyaría esta visión optimista sobre el alcance del conflicto comercial. En todo caso, como certeramente señaló esta semana Lagarde en una intervención pública, la mejor manera de equilibrar los saldos de balanza por cuenta corriente a nivel global sería a través de un aumento de la inversión en países como Alemania y del ahorro en Estados Unidos (tanto público como privado). En este último caso, el aumento del déficit público entre octubre y marzo (+14% interanual, hasta 600.000 millones de dólares) y las previsiones de déficit público medio para el período 2018-2020 de la Oficina Presupuestaria (-5,4% del PIB) son como para tomarse en serio esta cuestión.