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Publicado en NOTICIAS DESTACADAS Jueves, 07 de junio de 2018 11:00

Vuelco político en España en dos semanas

Fernando G. Urbaneja | Una sentencia, recurrible, de la Audiencia Nacional, conocida el pasado jueves 24 de mayo en una de las causas por corrupción que afectan al Partido Popular ha servido de catalizador para un vuelco del gobierno y del mapa político español.

 

La sentencia incitó una alianza coyuntural de varios grupos parlamentarios (hasta veinte partidos) que suman una mayoría de diputados para fulminar al gobierno en siete días, los que van de la presentación de una moción de censura el viernes 25 de mayo, firmada por los socialistas y votada a favor siete días después, por 180 diputados que cubren todo el espectro de la izquierda y del nacionalismo independentista. Al día siguiente Rajoy salía de la Moncloa sustituido por el líder socialista, Pedro Sánchez, que diez días antas no imaginaba un relevo tan acelerado y fulminante.

 

Esta semana Rajoy ha anunciado su dimisión como jefe del partido, que se hará efectiva en un congreso previsto para finales de julio y Sánchez ha presentado un nuevo gobierno monocolor, socialista, sustentado por solo 84 diputados que tendrá que negociar en el Parlamento todas las iniciativas que proponga.

 

El Partido popular que ha gobernado los últimos seis años y medio y que cuenta con la mayor minoría de la cámara (137 diputados sobre 350) entra en fase de “gran parada” para reconstruir el centro derecha con un escenario de gran incertidumbre sobre su futuro. En paralelo el inestable Partido Socialista recupera iniciativa política y apariencia de fuerza con un Gobierno que ha merecido, inicialmente, juicios muy favorables, formado por expertos y políticos con experiencia, con decido sesgo europeísta (Josep Borrel en Exteriores y Nadia Calviño en Economía).

 

El mapa político ha cambiado radicalmente, aunque los problemas permanecen, tanto el planteado por el independentismo catalán y otras fuerzas nacionalistas que amenazan la Constitución y la unidad nacional, como la urgencia de reformas profundas en el sistema de bienestar y en la gestión de las cuentas públicas, amenazadas por el déficit y la deuda. El vuelco cambia los vectores de poder e influencia, cuestiona el liderazgo de varios partidos y abre una fase de incertidumbre e inestabilidad. Los mercados, de momento, siguen atentos a lo que ocurre en Italia sin advertir riesgos inminentes en el caso español. La celeridad y la profundidad del cambio, que no estaba previsto en ninguno de los mapas prospectivos y de riesgos lleva a pensar que el sistema española es maduro y funciona o, quizá, todo lo contrario. Bien empieza lo que bien acaba.