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Publicado en CONSENSO Lunes, 29 de enero de 2018 08:00

¿Augura el mercado de bonos una nueva recesión?

Marta Pérez | Los inversores siguen teniendo apetito por la renta fija a pesar de la reducción de sus rentabilidades en los últimos años. Así lo confirmó el Tesoro de España en su última subasta sindicada, donde consiguió captar 4,3 veces más de lo que esperaba. Sin embargo, con la retirada de estímulos por parte de los bancos centrales en el punto de mira, los pronósticos apuntan a un mal año para la deuda y a subidas continuas, aunque controladas, de la rentabilidad.

 

Los mercados de renta fija siguen muy de cerca los movimientos de los bancos centrales. En Europa, como consecuencia de la política monetaria expansiva, el BCE se ha convertido en un comprador asegurado para las emisiones de deuda de los gobiernos durante los últimos dos años (en marzo de 2017 acumulaba en su balance 1,8 bn € de deuda, de los que cerca de 170.000 millones correspondían a bonos soberanos españoles), lo que ha provocado un exceso de demanda. Al haber comprador asegurado para esos bonos, el precio que deben pagar por ellos los demás inversores es cada vez mayor, llegando a un punto en el que el precio que se paga por el bono no compensa. Esto, unido a unos inversores que buscan minimizar el riesgo, ha provocado una caída histórica de los tipos de interés, hasta empujarlos a tasas negativas.

 

Según el Royal Bank of Scotland, en 2015, en Europa, un 40% del total de bonos emitidos tenían rentabilidad negativa, mientras que un año antes solo eran un 10%. En junio de 2016, según los cálculos de Adam Mossakowski, gestor de Insight Investment, aproximadamente el 62% de los 26,4 bn $ que había invertidos en deuda soberana en todo el mundo estaban en bonos que ofrecían rentabilidades inferiores al 1%. De ese volumen, 7,4 bn $ eran emisiones con una TIR negativa. Fue en este mismo mes cuando el bund alemán se sumó a las cifras por debajo de cero, ante la incertidumbre provocada por el Brexit.

 

El anuncio en octubre de 2017 de una futura retirada de estímulos por parte del BCE hizo que las rentabilidades comenzaran a abandonar las zonas negativas y que sigan siendo un refugio para los inversores más conservadores. Como dice Javier Domínguez, director de Auriga Global Investors, “siempre es un buen momento para invertir en renta fija. El 50% de las carteras de los organismos institucionales están invertidos en renta fija porque es la única inversión que da estabilidad a las carteras, y para el inversor particular constituye un plan B: si te equivocas e inviertes a un 0%, siempre puedes esperar al vencimiento y recuperar lo que has invertido.”

 

De hecho, la renta fija ha tenido un especial buen comportamiento en el período 2000-2017, dominado por las crisis económicas y las turbulencias en la Bolsa. En este período, la renta fija ha superado en rentabilidad a la mayoría de activos alternativos, incluida la renta variable, según Nicolás López, director de Análisis M&G Valores AV.

 

Pablo Martínez Bernal, de Amiral Gestíon, apunta que “existen posibilidades de inversión en renta fija, pero es difícil encontrarlas. Para ello, lo más importante es ser muy flexibles con los activos que incorporamos en la cartera”. Por ejemplo, el bono de EEUU a 10 años (2,65%) paga más que algunos bonos corporativos de mayor riesgo de Europa; el rendimiento del bono español está en 1,35%, el alemán en 0,58% y el griego en 3,70%. Pero todos ellos tienen un alto riesgo de cambios en el diferencial del tipo de interés, que es muy difícil de predecir.

 

De hecho, el siguiente paso tras la retirada de estímulos sería subir los tipos de interés para acercarse al objetivo del 2% de inflación. Sin embargo, en el mercado no están claras ni las consecuencias de esta subida de tipos ni cuándo comenzarán. Según Germán García, responsable de renta fija de Merchbanc, no provocaría una caída excesiva en el precio de los bonos, ya que “Draghi y su equipo están cuidando mucho su lenguaje para generar expectativas de retirada de estímulos muy paulatinas, por lo que los repuntes seguirán siendo suaves. Hasta ahora, no han provocado ninguna corrección brusca de los mercados de riesgo”. Sin embargo, Javier Domínguez piensa que los tipos de interés en la zona euro no van a subir ni este año, ni posiblemente el siguiente, ya que “el BCE tendrá que mantener los estímulos, o incluso aumentarlos, ya que es el único instrumento que tiene para rebajar el euro contra el dólar, cuyo valor se ha disparado. Puede que el tipo del bono español a 10 años baje hasta niveles del bono irlandés, que está alrededor del 1%”.

 

¿Una curva de tipos invertida?

 

Otro tema en boca de todos es la posible reversión de la curva de tipos: en Estados Unidos la curva se está aplanando, lo que quiere decir que la diferencia entre las rentabilidades de la deuda a corto y a largo plazo es cada vez menor. Esto supone que los inversores están optando por deuda a largo plazo, lo que hace bajar su rentabilidad. La inversión en deuda es atractiva porque esperan una bajada de las bolsas y de la inflación próximamente. Además, estiman que los tipos de interés van a bajar, ya que, de lo contrario, sería más atractivo comprar y reinvertir deuda a corto plazo. La clave de esta cuestión es que las últimas 5 recesiones han venido precedidas por un aplanamiento, o incluso reversión de la curva de tipos, pero ¿de verdad estamos a las puertas de una nueva crisis?

 

Aunque la expansión de la economía estadounidense se encuentra en una fase de madurez, se espera que se prolongue, como mínimo, durante un año y medio más. Europa, por su parte, no se encuentra en el mismo momento del ciclo monetario: llevamos dos o tres años de retraso con respecto a Estados Unidos, donde la Fed comenzó a retirar estímulos en 2014 y a subir los tipos de interés, con tres aumentos durante el año pasado y expectativas de que continúe haciéndolo este año. Además, lo normal es que las bolsas empiecen a bajar cuatro meses antes de una posible recesión, y si tenemos en cuenta que los índices de Wall Street llevan desde noviembre del año pasado alcanzando máximos históricos, no se espera, de momento, una recesión inminente.  

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