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Viernes, 18 de agosto de 2017
Publicado en INTERNACIONAL Lunes, 19 de junio de 2017 00:00

La FED aprieta el acelerador

José Ramón Díez Guijarro (Bankia Estudios) | Las decisiones anunciadas por la Fed esta semana suponen un avance en el proceso de normalización monetaria del banco central que ha venido marcando la pauta de la política monetaria global desde el inicio de la última crisis.

 

La subida de los tipos de interés oficiales, hasta una nueva banda de referencia (1%/1,25%), refleja que la autoridad monetaria americana va a continuar avanzando hacia los niveles que consideran neutrales los miembros del Comité Federal de Mercado Abierto, aunque luego la realidad económica determinará si se llega a ese pretendido 3% en 2019 o si, como parece más probable, esta vez las subidas se van a detener en la zona del 2%/2,5%. De esta manera, atendiendo a la opinión de los consejeros, habría que esperar una subida adicional en 2017, tres subidas en 2018 y otras tres en 2019.

 

Por tanto, en ausencia de una fuerte desaceleración de la actividad a corto plazo (escenario poco probable), los datos que vayan apareciendo en los próximos meses van a determinar el punto de llegada del proceso de endurecimiento monetario, pero no van a cambiar una estrategia que, después de las dudas mostradas en 2015 y 2016, ahora parece mucho más clara. El banco central americano parece convencido que la mejora de las perspectivas del entorno económico internacional y los niveles alcanzados por la tasa de paro (cerca del 4%) aconsejan elevar los tipos de interés hasta una zona más neutral. Por tanto, parece que la FED piensa que la bajada de la inflación de los últimos meses es temporal (“noisy” en palabras de Yellen) pues, aunque ha reducido la previsión de su indicador de inflación de referencia (“core PCE”), hasta el 1,6%/1,7% en 2017, vuelve a elevarla hasta la zona del 2% a medio plazo.

 

Esta visión oficial sobre la situación de la economía americana contrasta con ciertas dudas expresadas por los mercados, a raíz de unos datos que muestran una solidez menor de la esperada en un ciclo de actividad que, no olvidemos, acaba de entrar en su noveno año de expansión, lo que constituye la segunda recuperación más longeva de las últimas décadas. Siguiendo la tónica de acumulación de sorpresas negativas de los últimos meses, esta semana conocíamos la caída de las ventas minoristas en mayo (-0,3%) y el estancamiento de la producción industrial en el mismo mes.

 

En la misma línea, la inflación sigue sin responder a los escasos grados de libertad que, teóricamente, debe tener el mercado de trabajo, pues el IPC bajó de 2,2% a 1,9% en mayo y la lectura subyacente de 1,9% a 1,7%. En principio, los indicadores no son consistentes con un deterioro preocupante en la actividad, sino con una economía creciendo a ritmos próximos o superiores al potencial (sobre el 2,0% anualizado), decepcionando unas expectativas demasiado optimistas que había despertado la victoria de Trump en noviembre. Pero, lo cierto es que los mercados de bonos ni han pestañeado ante la subida de los tipos oficiales y, es más, la pendiente de la curva entre las referencias a 10 y 2 años sigue reduciéndose.

 

Desde luego, la rentabilidad actual del bono a 10 años (2,13%) estaría descontando un claro enfriamiento de la economía, lo que contrasta con la solidez que estarían anticipando unos mercados de valores en zona de máximos históricos. De cómo se resuelva esta contradicción dependerá el comportamiento de los mercados financieros y el rendimiento de las carteras de inversión en los próximos meses.

 

Aunque, más que la telegrafiada subida de tipos de interés, lo que puede afectar en mayor medida a las rentabilidades de la deuda es el anuncio de la Fed de que a lo largo de este año empezará la reducción del tamaño del balance del banco central (ahora representa el 23% del PIB) a través de la no reinversión de parte de los vencimientos de la cartera de bonos. El primer programa de compra de renta fija se inició en noviembre de 2008 (títulos hipotecarios) cuando el tamaño del balance era de 800.000 millones de dólares y, desde ese momento, ha aumentado hasta los 4,5 billones (de los nuestros) de dólares. Durante los primeros meses, la cantidad que dejará de reinvertir a vencimiento será muy moderada: 6.000 millones en deuda pública y 4.000 en titulizaciones y deuda de Agencias Federales.

 

Después, si no se producen reacciones inesperadas en los mercados, cada tres meses estos importes aumentarán gradualmente hasta alcanzar en un año niveles de 30.000 millones y 20.000 millones, respectivamente. Lo que no ha comunicado el banco central americano es hasta dónde se reducirá el balance, aunque parece muy poco probable que se acerque al nivel del punto inicial. Por tanto, la Reserva Federal aprieta el acelerador, algo de lo que debería tomar nota el Banco Central Europeo.

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