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Miércoles, 22 de noviembre de 2017
Publicado en INTERNACIONAL Miércoles, 09 de agosto de 2017 08:00

¿Puede mejorar la rentabilidad de la renta fija?

Félix López (ATL Capital) | Hace poco se cumplían cinco años de la rueda de prensa de Mario Draghi en la cual pronunció las que, probablemente, hayan sido las palabras con mayor impacto en los mercados financieros: “Haré todo lo necesario para la supervivencia del euro”.

 

Marcó, sin ningún lugar a duda, un punto de inflexión significativo en los mercados financieros, principalmente en los de renta fija de la zona euro, y dio comienzo a la última onda alcista de un mercado, el de renta fija, que lleva, en general, varias décadas de “bull market”.

 

Allá por estas fecha de 2012 era extraordinariamente sencillo construir carteras de renta fija a corto plazo con rentabilidades superiores al 4%-5% con activos de grado de inversión soberanos denominados en euros. El miedo, la incertidumbre y más de una portada de The Economist ensalzando las debilidades de los PIGS así lo propiciaron. Aquellos que supieron mantener la cabeza fría y la confianza en su posicionamiento disfrutaron los años siguientes de espléndidas rentabilidades reales, muy por encima de sus medias históricas, en una clase de activos, la renta fija a corto plazo, cuyo objetivo número uno no es la rentabilidad sino la preservación del capital.

 

Cinco años después, el mercado nos sitúa en una posición diametralmente opuesta. La actuación de los bancos centrales estos años ha tenido sus frutos positivos, pero también ha dejado daños colaterales y damnificados. Reina en los mercados una aparente tranquilidad, las economías crecen por primera vez en mucho tiempo de manera más o menos sincronizada en Europa, los resultados empresariales mejoran trimestre a trimestre…, en definitiva, el optimismo, a diferencia de lo vivido en 2012, está en el mercado.

 

Y los tipos de interés, en Europa, los tenemos en mínimos, o cercano a sus mínimos en la mayoría de sus tramos, especialmente en el corto plazo.

 

Y aquí nos encontramos con el principal problema para la clase de activo en cuestión de este artículo, la renta fija a corto plazo. No hay rentabilidad en este activo, y lo que es más necesario saber y entender, tampoco se la espera en el corto y medio plazo.

 

Llevamos varios años viviendo situaciones extraordinarias en algunos segmentos de la renta fija y corremos el riesgo de creer que esta situación será la norma de ahora en adelante.

 

Personalmente no lo creo, y el proceso de normalización será complicado y las rentabilidades obtenidas en los próximos años estarán claramente por debajo no ya de las medias históricas, algo obvio por el punto de partida de los tipos de interés hoy en día, sino también de las expectativas que profesionales e inversores tienen para la clase de activo.

 

Pero hasta que llegue ese momento, ¿es posible mejorar la rentabilidad de los activos tradicionales de la renta fija a corto plazo? Con inflaciones en la Unión Europea en el entorno del 1,6%, este debería ser el objetivo a batir.

 

 

Como podemos observar en el gráfico, es difícil encontrar valor, y rentabilidad, en la curva soberana europea, con rentabilidades en negativo hasta el bono a cinco años. Las políticas expansivas del Banco Central Europeo han tumbado hasta mínimos todo el tramo corto de la curva. Habría que situarse por encima del diez años para poder optar a algo de rentabilidad, pero el impacto de un movimiento de tipos de interés no deseado es tan fuerte en estos niveles de la curva que no compensa de ninguna manera. Además, y debido a la persistencia en el tiempo de estos bajos tipos de interés, el riesgo implícito en los largos plazos ha aumentado significativamente al haber aumentado la duración modificado de los índices.

 

Una primera opción de obtener algo de rentabilidad es acudir a los mercados de crédito. El panorama que tenemos en los emisores Investment Grade, gracias también al BCE, es descorazonador en términos de rentabilidad. Toda la curva hasta el 5 años la tenemos por debajo del 0,50% de rentabilidad y acudir a los largos plazos supone asumir el mismo riesgo, o más, que mencionábamos en el párrafo anterior. Las emisiones con tipos de interés flotantes (FRN), son una buena alternativa para el medio plazo. A día de hoy cumplirían al 50% nuestros objetivos de inversión, esto es, nos protegerían ante un escenario de subidas de tipos de interés, pero por el contrario, no nos ofrecen el retorno esperado y estamos expuestos a una subida de los diferenciales de crédito, en zona de mínimos históricos en la actualidad.

 

Es en el universo High Yield dónde empezamos a observar algo de rentabilidad que podría colmar nuestras expectativas de rentabilidad. El índice europeo del sector industrial, por ejemplo, ofrece una rentabilidad a 3 años del 1.50%. La gran problemática llegados a este punto es la imposibilidad por control de riesgos y límites de muchos mandatos de invertir en esta clase de activos. Mismo panorama observamos en el universo de los emergentes. Rentabilidades que colmarían nuestras aspiraciones pero en muchos casos con unos niveles de rating inasumibles para la gran mayoría de los mandatos.

 

Con todo ello, y partiendo de la base que conocemos la situación que nos ofrece el mercado, la única manera que tenemos de llegar a obtener las rentabilidades deseadas es introduciendo modificaciones en los mandatos tradicionales de gestión. Habrá inversores que no se lo puedan permitir por diversos motivos. Para ellos la resignación a no obtener rentabilidad marcará el camino del futuro inmediato. Durará lo que tenga que durar, está en manos del BCE.  

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