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Publicado en INTERNACIONAL Lunes, 15 de enero de 2018 08:30

La distorsión de los precios tocó techo en 2017

Carmignac | Nos quedamos cortos al afirmar que el conjunto de los mercados lleva experimentando un periodo de alza histórica desde hace casi una década. La capitalización de los mercados bursátiles se ha triplicado a escala mundial desde su mínimo de 2009 y, lo que resulta todavía más excepcional, este comportamiento se ha visto acompañado de una rentabilidad paralela en los mercados de deuda pública y corporativa.

 

En este sentido, es necesario apreciar la ironía de esta reacción en cadena de los mercados: porque la incapacidad de los bancos centrales para reactivar la inflación ha justificado encadenar largos años de compras de bonos de manera sistemática mediante un ejercicio de creación monetaria, lo que ha provocado automáticamente el alza de todas las clases de activos a expensas de cualquier racionalidad económica. El efecto cada vez mayor de la gestión pasiva y basada en algoritmos no ha hecho sino magnificar este fenómeno.

 

No cabe duda de que la distorsión de los precios de mercado tocó techo en 2017, momento en que la bonanza económica al fin recuperada —y que aceleró el alza de los mercados bursátiles— no siempre trajo consigo un ajuste considerable de los mercados de renta fija. En este sentido, 2018 podría suponer un notable punto de inflexión. Porque si bien las abundantes inyecciones de liquidez a cargo de los bancos centrales desde 2009 no se retirarán drásticamente de los mercados en 2018, el respaldo mensual en todo el mundo irá reduciéndose paulatinamente hasta su probable extinción a finales de año. Y, por su parte, la Reserva Federal estadounidense adoptará por primera vez medidas claras para reducir la liquidez. Gestionar este punto de inflexión histórico sin provocar correcciones drásticas en los mercados será un desafío sin precedentes para los reguladores. Y para los inversores, puesto que la mayoría de los «activos refugio» tradicionales se han tornado muy caros, la gestión de riesgos deberá pasar obligatoriamente por una gestión activa de las tasas de exposición a través de instrumentos de cobertura adecuados.

 

Los tres planos, político, económico y técnico, de este 2018 son diferentes, aunque están interrelacionados. Un resurgimiento tardío de las tensiones inflacionistas alentaría a los bancos centrales a acelerar el ajuste de sus políticas y pondría de manifiesto la carestía de los mercados de bonos. Por el contrario, una decepción en el plano del crecimiento, o incluso de la inflación, pondría a prueba la credibilidad de los bancos centrales. En cuanto a la confianza de los inversores, que se refleja en las valoraciones y en una volatilidad de mercado en mínimos históricos, esta dependerá de la pericia de los reguladores, pero también del contexto político. Los mercados constituyen un sistema cuyas relaciones internas han experimentado distorsiones sin precedentes debido a la intervención de los bancos centrales. El conjunto del sistema experimentará una evolución a partir de 2018, lo que alimentará oportunidades y riesgos radicalmente nuevos.  

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