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Lunes, 22 de octubre de 2018
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Publicado en NACIONAL Miércoles, 24 de enero de 2018 08:00

Recuperación equilibrada

José Ramón Díez Guijarro (Bankia Estudios) | A la espera de los primeros datos del trimestre, se empiezan a revisar al alza las previsiones de crecimiento de la economía española para este año, después del recorte del pasado otoño.

 

El consenso de los pronósticos para 2018 se concentra en la zona del 2,5%/3,0% de forma mayoritaria, pero la tendencia va a ser de aproximación a la parte alta de la banda de previsión. Es decir, con la información actual, empieza a parecer difícil que, a corto plazo, la economía española se desacelere desde ritmos de avance trimestrales de la actividad del 0,8% hasta el 0,6% (lo que implicaría un crecimiento medio inferior al 2,5%), sobre todo, si no lo hizo en los últimos meses del año pasado. Es decir, como ocurrió en 2016, se ha sobrerreaccionado a un episodio de aumento del riesgo político, al no valorar suficientemente la inercia y fortaleza de la economía española (posición en el ciclo) y el carácter idiosincrático de la perturbación. De hecho, desde principios de noviembre, al igual que ocurrió en los principales países desarrollados, se fueron acumulando las sorpresas positivas sobre las previsiones de los indicadores de actividad, en parte reflejando ese elevado dinamismo de la demanda externa. Aunque el dato más importante fue el del empleo, al registrar, a cierre del año 2017, un aumento de la afiliación de 611.146 personas, mejorando sensiblemente los resultados de los cuatro años anteriores. Si el crecimiento trimestral del empleo ajustado de estacionalidad (0,9% en el 4T frente a 0,4% en el 3T) refleja que la economía no perdió impulso en la última parte del año, el crecimiento medio de la afiliación a lo largo de 2017 (3,6% frente a 3% en 2016) hace difícil pensar en una desaceleración del PIB el año pasado, cuando el INE nos presente la fotografía final del período.

 

En este contexto, también se debe calificar como sorpresa positiva el aumento de un 8,9% de los turistas recibidos por España en 2017 (87 millones), lo que nos ha convertido en el segundo destino mundial, cuando hace poco más de un año especulábamos con los efectos del Brexit o intentábamos estimar el número de turistas prestados por la inestabilidad del norte de África. A destacar, también, el aumento de un 3,1% en el gasto medio por turista, lo que eleva los ingresos hasta 87.000 millones de euros, casi duplicando la cifra de principios de esta década. Asimismo, en línea con los datos de otros países de la UEM comentados la semana pasada (Alemania), la producción industrial avanzó en noviembre a un ritmo del 4,2% interanual; en consecuencia, el cuarto trimestre podría ser el mejor trimestre en 11 años (+4,3% en octubre-noviembre vs +2,7% en el 3T17), destacando, positivamente, la aceleración de la producción de bienes de equipo (+6,1%). Detrás de este buen comportamiento se encuentra la recuperación de las exportaciones de mercancías (6,8% en noviembre), reflejando el dinamismo de nuestros socios comerciales. Finalmente, los indicadores del mercado de la vivienda muestran una progresiva recuperación, pues el año pasado se cerró con unas 460.000 compraventas anuales (+14%), con una presencia muy importante de las transacciones de vivienda de segunda mano.

 

Lo importante, además, es que la expansión es compatible con el desapalancamiento y el superávit exterior. Con datos del tercer trimestre, la deuda de los hogares retomó la senda descendente quebrada el trimestre anterior y se redujo un 1,2%, la mayor caída del último año, hasta 711.548 millones de euros, equivalente al 61,8% del PIB, 1,4 puntos porcentuales menos que el trimestre anterior: hay que retroceder hasta el tercer trimestre de 2004 para encontrar un porcentaje menor. Eso sí, en el lado menos positivo, el consumo nominal de las familias (3,8%) está aumentando por encima de su renta bruta disponible (1,3%), lo que significa que se prolonga la tendencia del descenso de la tasa de ahorro presente desde 2010 y que la ha situado casi en mínimos de 2008 (menos del 4% del PIB). Como la inversión de las familias se está recuperando (compra de vivienda), prácticamente, la capacidad de financiación de los hogares (medida en términos anuales) está próxima a desaparecer. De hecho, en el tercer trimestre de 2017, los hogares desahorraron, algo inédito en ese período de tiempo. Así que parece que la capacidad de financiación a medio plazo de nuestra economía va a venir soportada por el exceso de ahorro sobre inversión de las empresas (30.000 millones en el último año).  

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