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Publicado en INTERNACIONAL Jueves, 04 de octubre de 2018 00:00

El FMI nos recuerda los riesgos: "deuda pública, alto desempleo y lento aumento de la productividad"

Intermoney | El limitado flujo informativo de la jornada del jueves nos permite mirar hacia atrás y abordar las grandes conclusiones del último examen periódico de la economía española realizado por el FMI.

 

Los titulares periodísticos hacían mención al impacto de -0,2 p.p sobre el crecimiento de España (-1,5 p.p en la U.E), si Reino Unido no llega a un acuerdo comercial con sus todavía socios, o al ligero recorte de las previsiones del organismo internacional para nuestro país hasta situar el crecimiento esperado en 2018 en el 2,7%, mientras que lo mantenía en 2,2% para 2019. Unas previsiones que, después de la actualización que realizamos al conocer el PIB final del 2tr18, coinciden con las atesoradas por IM en lo referente al próximo año, aunque resultan más optimistas para el presente ya que estimamos un freno mayor hasta situarse el crecimiento en cifras próximas al 2,5%. No obstante, la diferencia de décimas en las previsiones resulta algo menor respecto a una serie de apuntes realizados por el FMI y que suscribimos en IM.

 

En primer lugar, resulta indudable que el ciclo económico español está llegando a su madurez, además de la existencia de riesgos que ensombrecen las perspectivas a medio plazo. Por lo tanto, se impone afrontar los puntos débiles de España y esto implica no descuidar la salud de las cuentas públicas, pero también que se recupere el “potencial desaprovechado” y se evite la marcha atrás respecto a determinadas reformas.

 

En el capítulo del potencial, debe tenerse presente el freno vivido por la productividad. Por ejemplo, la productividad por trabajador prácticamente se estancaba en el 2tr18 (+0,05% a.) y, en un periodo de 12 meses, sólo repuntaba un 0,1%. A este respecto, el FMI ponía el acento en el tamaño de nuestras empresas, el cual ha demostrado ser el principal lastre para su mejora. Las limitaciones de nuestra capacidad de crecimiento son evidentes, aunque la estimación del potencial de España realizada por el FMI se antoja algo positiva al situarlo en 1,75%.

 

Sin embargo, en un momento en el que estamos preocupados por las cuentas públicas de Italia, creemos que resulta más conveniente tratar la posición del FMI respecto a las de España. En primer lugar, abordaba un punto clave como lo necesario de recomponer los agotados colchones fiscales, suscribiendo totalmente su opinión: “La política fiscal tendría que aprovechar plenamente las condiciones económicas, que todavía son fuertes, para reducir el elevado nivel de deuda pública más rápidamente. De lo contrario, España se vería obligada a aplicar un ajuste fiscal pro-cíclico cuando la economía se vea afectada por shocks futuros. Así pues, constituir colchones fiscales hoy creará más espacio fiscal en el futuro, lo que ayudará a proteger mejor a la población frente a grandes oscilaciones del empleo”.

 

La realidad es que el dinámico crecimiento nominal de la economía ha sido la causa de la mejora de las cifras de déficit, llevando a una situación de complacencia en la que no se ha abordado el problema de un déficit público estructural que ronda el 3% del PIB. De nuevo, como bien apunta el FMI, esta situación explica que “los niveles de deuda solo han caído marginalmente mientras la economía crecía con fuerza”. Así, al menos, lo adecuado sería no ir más allá del revisado objetivo al alza de déficit para 2019 (-1,8%). Un objetivo que, otra vez en opinión del organismo internacional, se traduciría en “un esfuerzo estructural que ronda el 0,5% del PIB”. Un “ritmo de ajuste anual que debería persistir hasta que se alcance un equilibrio en el saldo fiscal estructural y la deuda emprenda una clara senda descendente”.

 

Como apuntábamos anteriormente, las conclusiones del FMI son totalmente acertadas en el apartado fiscal y esto debe hacer que tengamos presente la posibilidad de que las miradas se vuelvan hacia la deuda española, en caso de darse un paso en falso en nuestro país. De momento, los inversores están distinguiendo claramente entre España e Italia, pero no debemos “cantar victoria” cuando afrontamos unas complejas negociaciones presupuestarias.

 

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