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Publicado en INTERNACIONAL Jueves, 08 de noviembre de 2018 08:15

La derrota republicana hace improbable que veamos nuevos estímulos fiscales de dudosa efectividad

Intermoney | El resultado de las elecciones legislativas en Estado Unidos dibuja un futuro caracterizado por el bloqueo del Congreso a muchas de las grandes iniciativas presidenciales, incluidas las referentes al terreno económico.

 

El impulso desregulador perderá gran parte de su fuerza y la posibilidad de asistir a un nuevo capítulo de estímulos fiscales se antoja más que reducida.

 

Dos cuestiones que, desde una perspectiva cortoplacista, juegan en contra del buen tono de las bolsas al restar empuje a la economía. Sin embargo, la posibilidad de no asistir a la redición de los estímulos fiscales es una buena noticia, si miramos más allá.

 

Los estímulos fiscales no son una buena idea en un momento en el que la economía estadounidense crece por encima del potencial y en el que, además, existen motivos para esperar que así siga siendo en el corto plazo. De hecho, debemos tener muy presente que en Estados Unidos la brecha del PIB respecto al potencial se situaba en el 6,2% en el 3tr18, recordando esta cifra que la aplicación de nuevos estímulos fiscales vendría a reforzar el riesgo de sobrecalentamiento de la economía. Una situación ante la cual la Fed no permanecería impasible, optando por reafirmar su estrategia de endurecimiento progresivo de la política monetaria.

 

Luego, la derrota republicana en el Congreso hace improbable que asistamos a nuevos estímulos fiscales cuya efectividad hubiera sido más que dudosa, pues habrían impulsado el rendimiento exigido a los treasuries y dado lugar a un mayor riesgo de sobrecalentamiento que hubiera sido neutralizado por la Fed. Por lo tanto, habríamos corrido el riesgo de asistir a datos de déficit público en Estados Unidos superiores al 5% en 2019 y 2020 a cambio de un premio más que discutible.

 

En otras palabras, desde una perspectiva de medio plazo y aunque el nuevo escenario político en Estados Unidos conlleva otros desafíos, el control demócrata del Congreso anula el riesgo de asistir a estímulos fiscales a destiempo y evita el desperdicio del margen menguante en este ámbito. En cuanto al corto plazo, la necesidad de Trump de reponerse del golpe, como ya hemos apuntado en otras ocasiones, refuerza la posibilidad de asistir al esbozado acercamiento con China en el G-20 de finales de mes en Argentina.

 

El presidente de Estados Unidos utiliza al S&P500 como termómetro de su gestión económica y sus tweet más amigables hacia China, en pleno episodio de deterioro del mismo, no fueron causales. Así que Trump puede jugar la baza del acuerdo comercial para empujar a la renta variable estadounidense en la parte final del año con el fin de neutralizar el debate en clave de moderación de la economía estadounidense, a la sombra de un entorno con menos estímulos.

 

El nuevo horizonte percibido por el mercado como propicio para reafirmar la senda de moderación de Estados Unidos ya descontada y acorde con un avance del 2,5% en 2019, puede llevar a los inversores a caer en el error de seguir infravalorando la senda al alza de los tipos dibujada por los miembros de la Reserva Federal. En el pasado, el mercado ha caído en la equivocación de plantear los movimientos de la Fed desde la perspectiva de un inversor y no de un economista, circunstancia que puede volver a darse. En la Reserva Federal ya plantean sus acciones bajo un escenario central de progresiva moderación del crecimiento en Estados Unidos hasta sus niveles de largo plazo del 1,8% en 2021. De forma que el freno económico es tenido en cuenta y lo que tienen muy presente es la brecha positiva del 6,2% respecto al crecimiento potencial. El riesgo de sobrecalentamiento es real y, por tanto, avanzarán de forma decidida hasta situar los tipos en cotas acordes con los niveles neutrales del 3%. Esto explicará que el encuentro de hoy de la Fed se salde con un comunicado con escasas novedades y, en todo caso, éstas se limitarán a señalar el paso decidido de la institución en forma de guiño apuntando que la volatilidad vivida en los mercados no supondría un obstáculo a la continuidad del endurecimiento progresivo de su política monetaria.

 

Ahora bien, una última subida de 25 p.b en diciembre hasta 2,25-2,5% ya está descontada y la clave radica en el número de alzas de tipos en 2019, difiriendo las expectativas del mercado de la senda marcada desde la Reserva Federal. El pasado septiembre, las estimaciones de los miembros de la Fed eran acordes con tipos en el rango 3,0-3,25% al finalizar 2019 que repuntarían, posteriormente, hasta la horquilla de 3,25-3,50% en la que permanecerían en 2020 y 2021. Sin embargo, los futuros de los Fed funds son acordes con tipos de 2,92% en 2019 y 2,915% en 2020, mientras que los proyectados en base a la curva OIS resultan menores para sendos años al situarse en 2,82% y 2,72%.

 

Las anteriores diferencias cuentan ahora con el apoyo de las mayores dificultades percibidas para que Trump “siga empujando” la economía, lo cual respaldará las compras de treasuries aunque la Fed mantenga su tono. Sin embargo, la clave está en cuestiones como la tan traída brecha respecto al producto potencial y los tipos neutrales, debiendo observar los pasos de la Reserva Federal desde el punto de vista de un economista que resulta acorde con la senda de tipos proyectada y la olvidada reducción de balance que evoluciona a su “velocidad de crucero”.

 

Además de los próximos pasos de la Reserva Federal, las cifras de comercio seguirán siendo cuestión de análisis y debate ante las expectativas de acercamiento entre Estados Unidos y China. De madrugada, conocíamos los datos de balanza comercial del gigante asiático del mes de octubre que arrojaban el dinamismo de las tasas interanuales de exportaciones y la solidez de las importaciones.

 

Luego, el impacto de cuestiones puntuales hace que debamos abstraernos de los datos en términos mensuales de la balanza comercial de China, al igual que ocurre en Alemania donde sus exportaciones caían un -0,8% m. en septiembre. De hecho, los problemas en el sector del automóvil y en el transporte fluvial prometen cierto ruido en el comercio alemán durante el otoño.

 

Finalmente y sin dejar la UEM, habrá que estar atentos a la intervención de Draghi en el Parlamento de Irlanda defendiendo la gestión llevada a cabo por la entidad, además de al boletín económico de la misma del que ya hemos conocido algunos artículos que tratan del impacto de la digitalización en la economía y el momento del mercado de la vivienda, concluyendo desde Frankfurt que su recuperación continuará pero a un ritmo más moderado.

 

No obstante, la actualización de las previsiones de la Comisión Europea generará más titulares al arrojar menores cifras de crecimiento para 2018 y 2019 respecto a lo apuntado el pasado verano. En concreto, creemos que la Comisión reducirá su proyecciones de avance del PIB para la UEM hasta situarlas en 1,9% en 2018 (2,1% ant.) y 1,8% en 2019 (2,0% ant.). Por el contrario, sus estimaciones de IPC para la zona euro se mantendrán sin variaciones en 1,7%, tanto para 2018 como para 2019, y se alinearán con las últimas previsiones del BCE; un hecho que viene respaldado por los últimos datos de inflación dados a conocer por Eurostat y que apuntan que no podemos descartar un promedio de IPC de 1,8% en 2018.

 

Junto a lo expuesto, las previsiones para Italia desmintiendo el cuadro macro y la senda fiscal ofrecida por su gobierno serán otro de los puntos estrella.  

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