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Publicado en INTERNACIONAL Viernes, 11 de enero de 2019 00:00

Powell volvía a apuntar que los actuales niveles de inflación en Estados Unidos dan margen para ser pacientes

 Intermoney | En el final de la semana solo habrá un dato realmente importante y éste será el IPC de Estados Unidos del mes de diciembre ya que el ajuste de la guía de actuación de la Fed se está apoyando en cuestiones como la volatilidad de los mercados o los temores hacia el crecimiento global, pero también en la inflación, para evitar la proyección de cualquier sombra sobre la economía de Estados Unidos.

 

De hecho, en las actas del encuentro de diciembre de la Reserva Federal cobraba mayor protagonismo el debate sobre el futuro de la inflación e, incluso, llegaban a recoger el siguiente punto: “En este contexto (de aumento de la incertidumbre), muchos participantes expresaron la opinión de que, especialmente en un entorno de contenidas presiones inflacionarias, el Comité podría permitirse ser paciente respecto al endurecimiento de la política (monetaria)”.

 

Por lo tanto, los datos de inflación en Estados Unidos cobrarán mayor importancia con el fin de atestiguar si respaldan algo más que un receso en la fase final de la estrategia de salida de la Fed. Desde la perspectiva del índice general del IPC, el freno hasta 1,9% a. ocasionado por los menores precios energéticos avalaría dicho posicionamiento, si bien para la Reserva Federal lo importante son las referencias a nivel subyacente y, en dicho caso, la inflación estadounidense permanecería en el 2,2% a. de acuerdo con el consenso de Bloomberg.

 

No obstante, la gran referencia de la Fed en el campo de la inflación es el PCE central y éste se situaba en 1,9% a. en noviembre, si bien la realidad es que la estabilidad del IPC subyacente de diciembre enfriará las expectativas respecto a que la autoridad monetaria estadounidense pueda ir más allá del retraso del ajuste final de los tipos. Una cuestión que ha cobrado importancia durante los últimos días al haberse apuntado directamente la posibilidad de que el “piloto automático” del ajuste del balance de la Reserva Federal pueda verse alterado.

 

El debate sobre el balance está muy presente en el seno de la entidad, aunque ahora parece cobrar fuerza ya que a algunos miembros de la Fed les preocupa que la reducción del mencionado balance pueda ser “malinterpretada como una señal sobre la postura de la política monetaria”. En 2019, bajo la situación actual, el balance de la Fed debería reducirse en cerca de 430 mm. $ adicionales hasta rondar los 3.650 mm. $ frente a un nivel de llegada que podría situarse en cifras próximas a los 3.000 mm. $. Sin embargo, el factor decisivo para establecer cuál será dicho nivel de llegada es la evolución de las reservas bancarias, en concreto, del exceso de reservas mantenido por las instituciones de depósito en la Fed. En el arranque de 2019, dicho exceso se situaba en 1.510 mm. $ frente a los máximos de 2.717 mm. $ de mediados de septiembre de 2014 o los 1.994 mm. $ con los que acababa 2017.

 

En otras palabras, la reducción del exceso de reservas acompañaría al actual ritmo de reducción del balance de la Fed y los ajustes a este respecto serían una cuestión destinada a afrontar episodios de extrema tensión. De hecho, en caso de darse dicha posibilidad, veríamos rápidamente repuntar el exceso de reservas y, de prolongarse en el tiempo, la decisión de reconsiderar el ajuste del balance sería obligada para la Reserva Federal.

 

Por lo tanto, en IM defendemos que una medida clave como el replanteamiento del ritmo de ajuste del balance de la Fed respondería a una situación de extrema tensión y esto nos lleva a no sobredimensionar el debate actual, sobre todo, cuando los mensajes lanzados en esta dirección buscan transmitir que existe capacidad de reacción suficiente con el fin de calmar ciertas inquietudes. Una circunstancia que, a su vez, juega en contra de la probabilidad de tener que aplicar la medida apuntada.

 

Sin dejar Estados Unidos y más allá de las cuestiones vinculadas con la política monetaria, el otro aspecto que acaparará cada vez más la atención de los mercados será la continuidad del cierre parcial de la administración federal. Un cierre que está a punto de convertirse en el más largo de la historia, después del experimentado en 1995, y que ya ocasiona reacciones como la de Fitch. La agencia crediticia alertaba que, en caso de prolongarse dicho cierre hasta principios de marzo, se planteará si el rumbo de las políticas estadounidense y la incapacidad para dotar con un presupuesto adecuado a su administración federal son consistentes con la nota AAA. Una calificación que ya fue retirada por S&P en 2011 cuando la rebajó hasta AA+.

 

El anterior toque de atención de Fitch no es lo realmente importante, dado que seguramente antes del arranque de marzo se haya reconducido la situación, sobre todo, porque como bien apuntaba el presidente de la Fed de Richmond: el impacto directo del cierre sobre la economía de Estados Unidos no es importante, pero su prolongación puede acabar afectando a la confianza empresarial y por esta vía lastrar la actividad. Una situación que no permitirá Trump.

 

Sin embargo, posicionamientos como el del presidente de la Fed de Richmond pueden empezar a calar entre los inversores. De forma que la conjunción de un dato de IPC en Estados Unidos que simplemente avale la posición de “esperar y ver” de la Fed y las ramificaciones del cierre de la administración federal estadounidense, pueden pesar en el final de semana de las bolsas. Una situación que se verá acrecentada por un acercamiento comercial entre Estados Unidos y China que ya no será el bálsamo de días atrás, pues los inversores empezarán a demandar detalles de calado de las negociaciones.

 

Mientras tanto, en Europa, los riesgos a la baja sobre las cifras de producción industrial en España e Italia no serán ninguna sorpresa, al tiempo que los indicadores en el Reino Unido quedarán en un segundo plano debido a las presiones al alza derivadas de los temores a un escenario de “Brexit” sin acuerdo. Esta posibilidad incomoda cada vez más a los inversores foráneos e, incluso, el primer Ministro nipón presionaba a May para que haya acuerdo con la vista puesta en los intereses de las compañías japoneses en el país, en especial, las automovilísticas.

 

Cuestiones como el “Brexit” hicieron que en el último encuentro del BCE, el pasado diciembre, se produjese un importante debate sobre la forma de calificar los riesgos que atenazan al escenario europeo, imponiéndose la solución de compromiso que todavía los describía como equilibrados frente a la opción de calificarlos a la baja.

 

En este contexto, en el seno del BCE, los TLTRO no se discutieron formalmente el pasado diciembre pero Draghi apuntó que eran una cuestión sobre la que se reflexionó al haber sido mencionada por algunos consejeros, confirmando las actas que así fue. De forma que se oficializa el posible debate sobre la redición de estas operaciones en el corto plazo; operaciones que consideramos muy interesantes si se recuperan bajo un formato flexible que permitiese reforzar las compras de deuda soberana por parte de las entidades bancarias. Así, en el caso de tomar forma en el futuro un episodio de mayor inestabilidad, esta medida ayudaría a controlar las curvas soberanas sin que el BCE tuviese que recuperar las compras netas de activos. No obstante, a corto plazo y prestando atención al euro, pesará más el confirmado paso atrás de la Fed que seguirá favoreciendo a la divisa europea.

 

Por último, en nuestro país, está programado que hoy el Consejo de Ministros apruebe los presupuestos que deben remitirse al Congreso. Estos partirán de la base de un crecimiento real de España de 2,2% en 2019, cifra ligeramente superior al 2,1% del escenario de IM después de su última actualización con el inicio del año. No obstante, las mayores diferencias entre las estimaciones del gobierno y las nuestras radicarán en el déficit público, pues prevemos que se sitúe en el -2,2% del PIB en el presente año.

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