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Publicado en INTERNACIONAL Viernes, 18 de enero de 2019 00:00

Empiezan a emerger los riesgos derivados del cierre administrativo más largo de la historia de EEUU

Intermoney | El cambio de sentimiento en los mercados respecto a lo ocurrido a finales de 2018 es visible en cuestiones como que la prolongación del cierre parcial de la Administración Federal en Estados Unidos y el enquistamiento del “Brexit” están sirviendo de tope para los mercados, pero no de lastre.

 

 

Un hecho muy a tener en cuenta, especialmente, porque el efecto sobre la actividad estadounidense del cierre administrativo corre el serio peligro de no ser tan residual, en caso de prolongarse en el tiempo la situación.

 

Unos días atrás, en este mismo informe, señalábamos que los efectos del cierre administrativo en Estados Unidos deberían ser residuales, si bien ya apuntábamos que empiezan a emerger riesgos derivados del mismo que no pueden ser menospreciados. Por un lado, el impacto sobre las emisiones de acciones y operaciones de fusión y compra derivado de la actividad limitada en organismos clave para estos fines. Dicha casuística condicionará el margen para aprovecharse de la mejora del sentimiento de mercado por parte de algunas empresas necesitadas de financiación o envueltas en operaciones corporativas clave. Por otro lado, señalábamos los efectos directos del retraso de las devoluciones de impuestos sobre el consumo de los estadounidenses durante el 1tr19.

 

Por desgracia, la actividad en los mercados, los funcionarios que no reciben ninguna contraprestación o los contribuyentes que tardarán en recibir sus devoluciones de impuestos no son las únicas víctimas del cierre administrativo, el cual también afecta a un grupo de apoyo clave para Trump: los agricultores y ganaderos. Más allá de la ausencia de información estadística sobre el sector primario, lo importante es que el cierre administrativo ha detenido los desembolsos de las ayudas por valor de 12 mm. $ que deberían compensar a los agricultores y ganaderos de Estados Unidos por las pérdidas derivadas del choque comercial con terceros países.

 

La cuestión es que los agricultores y ganaderos tampoco podían realizar el papeleo para acceder a ciertos préstamos gubernamentales, subvenciones a los seguros agrarios, rebajas fiscales… Una situación que se ha intentado paliar con la reapertura puntual de ciertas oficinas de atención al ciudadano, pero que sólo se podrá normalizar cuando se proceda a la reapertura total de la administración. Luego, Trump no es inmune a su propia estrategia y el tiempo empieza a jugar en su contra, pues la situación afecta a su electorado y a la economía.

 

Como podemos apreciar, empiezan a proliferan los ejemplos que muestran el impacto directo sobre la actividad en Estados Unidos, el cual irá en aumento a medida que se prolongue la actual situación. El cierre administrativo ya es el más largo de la historia y hoy sumará 28 días frente a los 21 días del segundo más longevo que con Clinton en la presidencia empezó a finales de 1995. No obstante, la economía de Estados Unidos no es la de 1995 y resulta más interesante realizar una comparativa con el episodio similar más reciente en la historia estadounidense y éste sería el cierre de 16 días con Obama en 2013.

 

En 2013, de acuerdo con la Oficina de Análisis Económico de Estados Unidos (BEA por sus siglas en inglés), el mencionado cierre de 16 días que dejó a más de 800.000 empleados federales sin sueldo (algunos temporalmente) se tradujo en una reducción del crecimiento real de 0,3 p.p. En la actualidad, cerca de 800.000 trabajadores federales tampoco están percibiendo contraprestación alguna por parte de la Administración, a lo que debe sumarse la paralización de la actividad de los contratistas privados.

 

El impacto esbozado sólo recoge parte de la situación, pues también debe tenerse muy presente el indirecto vía confianza. En el pasado, ante episodios similares, la confianza de los consumidores se ha resentido, pero también la de los empresarios en un contexto en el que se percibía una mayor inestabilidad política. Este punto era mencionado en el último Libro Beige para justificar las perspectivas menos positivas del empresariado, causa a la que se sumaban la mayor volatilidad de los mercados financieros, el aumento de los tipos y las incógnitas comerciales. Un conjunto de cuestiones de las cuales las dos primeras ya han sido afrontadas por la Fed mediante el giro de su discurso, mientras que la última ya la ha abordado Trump en forma de acercamiento con China cuyo próximo gran hito será la visita del vice-presidente chino a Washington los próximos días 30 y 31 de enero.

 

De vuelta al efecto del cierre administrativo de Estados Unidos propiamente dicho, las consecuencias directas e indirectas del mismo dejarán de considerarse residuales sobre la actividad del 1tr19 en el caso de prolongarse aún más. Luego, deberemos trabajar sobre la base de un escenario de crecimiento inferior al 2,2% trim. a. esbozado por las respuestas de los analistas recogidas por Bloomberg con fecha 11 de enero.

 

Sin embargo, en este escenario, llama la atención la resistencia de los mercados a la situación expuesta, dando prueba del buen tono de fondo con el que empezaron el año. Un buen tono que deberá hacer frente hoy a las cifras industriales y de confianza del consumidor que conoceremos en Estados Unidos.

 

En cuanto a los datos industriales, la actividad moderará su avance hasta 0,2% m. en diciembre ante el enfriamiento de las utilities y la minería. Una circunstancia que no deberá alarmar al mantenerse la inercia positiva del sector. No obstante, su convivencia con el deterioro de la confianza de la Universidad de Michigan en enero, apuntalada por la mayor incertidumbre política comentada, puede tener un impacto mayor de lo esperable en otras situaciones, dada la escasez de información sobre la economía de Estados Unidos en las últimas semanas.

 

Luego, a pesar de la mejora del ánimo inversor, podemos acabar la semana con un paso atrás en las bolsas de Estados Unidos y compras en los treasuries. Unos treasuries que parecen haber obviado dos apuntes bastante relevantes del último Libro Beige: las empresas compiten para encontrar trabajadores “con cualquier nivel de cualificación” y “los salarios aumentaron a lo largo de los niveles de cualificación, destacándose en numerosos distritos el aumento de los salarios de entrada a medida que las empresas buscan atraer y retener trabajadores y entran en vigor las nuevas leyes de salario mínimo”. En otras palabras, podría estar menospreciándose la posibilidad de que los salarios aumenten más de lo previsto en Estados Unidos, también en la misma Fed.

 

En Europa, las cifras de cuenta corriente de la UEM tendrán poco impacto, siendo lo significativo los últimos acontecimientos en clave de “Brexit”. La reacción calmada del mercado a la actual situación hará que Bruselas todavía se guarde la carta de oficializar la ampliación del periodo de negociación. El lunes, May deberá presentar su plan “B” y el 29 de enero se votará, si bien con mínimas probabilidades de salir adelante. Así, el próximo paso consistirá en que laboristas y conservadores pidan a la UE una prórroga del periodo de negociación, la cual están deseando oficializar desde instancias comunitarias, pero que puede retrasarse hasta que se reafirme la imposibilidad de sacar adelante el plan “B”.

 

En la práctica, el “Brexit” corre el peligro de enquistarse y esto supondrá un claro límite al alza de las bolsas europeas en los próximos meses, mientras que en el Reino Unido las consecuencias en clave interna van a más. La información del BoE apunta que la banca espera la mayor caída de la demanda del crédito al consumo e hipotecario de varios años con el inicio de 2019 y los datos de ventas minoristas de diciembre (se publican hoy) se caracterizarán por su debilidad.  

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