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Lunes, 20 de noviembre de 2017
Publicado en OPINION Martes, 17 de octubre de 2017 08:00

Slim tiene dificultades para reflotar FCC

Fernando Barciela | El mexicano Carlos Slim, que compró varias de sus empresas por un precio simbólico durante la crisis del peso en los años 90 y el posterior proceso de privatizaciones, está considerado una especie de mago capaz de convertir compañías desastrosas en ejemplos de alta brillantez corporativa.

 

El millonario, de origen libanés, ha hecho de Telmex, comprada dicen que a precio de saldo, una de las operadoras de telecos más eficientes del mundo y de su compañía de ‘celulares’, America Móvil, fundada por él, la cuarta compañía de telecomunicaciones del mundo, un gigante que le quitó con frecuencia el sueño al anterior presidente de Telefónica, César Alierta, por su agresividad en los mercados latinoamericanos en los que el grupo español también estaba presente.

 

Así que, cuando el magnate mexicano en el 2014 pactó su entrada en el capital de FCC, entonces controlada por Esther Koplowitz, y en fuertes dificultades –ventas en descenso, pérdidas, deuda…–, muchos respiraron tranquilos pensando que Slim era el hombre providencial que iba a enderezar el rumbo de la constructora.

 

De momento, lo conseguido por él en FCC no es para echar cohetes. El último año en FCC, después que tomara por fin el control del consejo en junio del 2016, no ha sido muy prometedor, lo que se ha reflejado en una espantada de los inversores que ha llevado a un desplome del valor de la constructora en Bolsa. Mientras el Ibex ha caído desde junio en torno al 7%, el título de FCC perdía el 20%.

 

Las razones están a la vista. Las cifras no indican ninguna mejora en la situación de la compañía que un día fue protagonista de excepción en el panorama corporativo español con los Albertos. Las ventas del primer semestre volvieron a caer, un 3,4%. No es mucho pero marca tendencia. Negativa. Sobre todo si las ventas del 2016 cayeron ya también en torno al 8%.

 

En la empresa señalan que parte de estos descensos se deben a las desinversiones y ventas de filiales, como la subsidiaria de Portland en Estados Unidos. Pero, la realidad es que la cartera de pedidos de FCC también ha estado bajando. Al final del primer semestre de 2016, ascendía a 31.500 millones de euros. Ahora se eleva a poco más de 30.150 millones.

 

Lo peor es que FCC ya le está costando a Slim más dinero que el que seguramente pensó apostar en la constructora. Recientemente no tuvo más remedio que concederle a la empresa española, a través de su entidad bancaria, Grupo Financiero Inbursa, un crédito por valor de 780 millones de euros. De no haberlo hecho, FCC no hubiera podido acudir al contrato de la Línea 2 del Metro de Panamá, un contrato de 1.652 millones.

 

Por razones que no son muy conocidas, el estilo de Slim, un sujeto difícil, habituado a mandar y a ser obedecido, no parece gustar en FCC. El millonario mexicano ocupó los despachos de la empresa con ejecutivos llegados de México DF.

 

No solo nombró a un consejero delegado mexicano sino que llegaron decenas de altos cargos que empezaron a tomar decisiones sin consultar con los ejecutivos españoles de toda la vida. Ya se sabe que si los españoles tienen carácter, los mexicanos lo tienen aún más fuerte.

 

En este año y pico que llevan en Madrid, estos han tratado de cambiar algunos aspectos de la cultura y de la organización de la empresa, por ejemplo la división del grupo en empresas casi autónomas, postulando que estas deberían trabajar de forma integrada.

 

Slim tocó también susceptibilidades al reducir los pagos por incentivos a los ejecutivos y tratar de hacer una reducción de altos cargos y cuadros medios en la división de Medio Ambiente, algo a lo que se opuso abiertamente el responsable de la división, un español.

 

Todo indica que estas disonancias han llevado a un ambiente enrarecido. Una situación que se ha confirmado de algún modo cuando, el pasado mes de septiembre la constructora anunció que su entonces consejero delegado, Carlos Jarque, y el director financiero, Miguel Martínez Parra, ambos mexicanos y que llevaban menos de un año en la empresa, abandonaban sus cargos para volver a México. Por razones personales, dijeron.

 

Slim nombró entonces, en su lugar un nuevo CEO, este español, Pablo Colio, con la probable intención de hacer la paz con una estructura de mando, aparentemente desafecta con sus planes.

 

De modo que ahora mismo son muchos los que piensan que Slim se ha metido en un fregado en España y lo va a tener muy difícil para reflotar FCC, una empresa difícil donde las haya. Por lo pronto, la cúpula de la constructora, que lleva décadas trabajando con Esther Koplowitz, una señora exquisitamente educada, sigue sintiéndose fiel a ‘la Señora’.

 

Luego, es posible que FCC necesite una revolución cultural que cambie viejos hábitos de hacer las cosas y ponga otra vez a FCC en la pista de despegue. El problema es que existe una especie de patriotismo corporativo en la constructora. Sus altos mandos siguen considerándose como ‘el no va más’ del sector. Y no aceptan fácilmente que se les enmiende la plana.

 

Además, arreglar FCC no es fácil. Su crisis no viene de ayer. La constructora lleva años en crisis permanente. El año pasado, por ejemplo, su facturación fue menos de la mitad de la registrada en el 2008; 5.900 millones de euros frente a 14.000.

 

La constructora necesita, sin embargo, a Slim. Este no es solo su accionista de referencia sino que la ha estado apoyando financieramente y buscándole contratos en América. Un abandono del propio magnate mexicano dejaría a FCC sencillamente en la estacada. Y le perjudicaría más a la constructora que al mexicano, uno de los dos hombres más ricos del mundo.

 

Además, Slim si ha conseguido algunas cosas. La deuda se ha reducido en un 11% con respecto a hace un año. Entonces estaba en 4.500 millones de euros; ahora en 3.900 millones. El que aún no se puede quejar, a nivel personal, es Slim. Pese al bajón de FCC en Bolsa las cuentas le siguen saliendo. Su 81% en la constructora le costó 1.350 millones de euros. Mientras que la empresa vale en torno a los 3.000 millones.  

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