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Sábado, 21 de abril de 2018
Publicado en OPINION Lunes, 12 de febrero de 2018 08:00

La segunda transición económica

Luis Alcaide | En 2015 el FMI encabezaba el informe de España con esta advertencia: “A pesar de las notables mejoras desde la crisis la posición exterior de España continua siendo vulnerable. Solo reduciendo la elevada elasticidad de las importaciones y estimulando las exportaciones las reformas estructurales emprendidas pueden conducir a una mejora sustancial del saldo de la cuenta corriente con el exterior, contribuyendo de esta forma a suavizar el riesgo de una situación altamente negativa de la posición internacional de España (diferencia entre los activos de los no residentes en España y de los activos de los españoles en el exterior)”.

 

La sostenibilidad pasaba en primer lugar por un equilibrio de las transacciones corrientes de mercancías y servicios. El déficit de 2007-08 equivalente al 10% del PIB se ha convertido en el tercer trimestre de 2017 en un superávit que ya representa el 2% del PIB.

 

Las advertencias de 2015 no cayeron en saco roto. Se ha aliviado la elasticidad de las importaciones que hasta los últimos 12 meses no han superado el nivel alcanzado en 2008. Las exportaciones, por su parte, son un 33% más elevadas. Mes tras mes, año tras año, las ventas de mercancías y servicios han crecido ininterrumpidamente. Todo ello sin ningún tipo de devaluación sino gracias a un reajuste estructural desde una economía gobernada por la inversión y el crédito inmobiliario a otra más abierta al exterior, más competitiva. La entrada en el euro y la inauguración del mercado único aumentó la ansiedad de que España no sería competitiva frente a sus socios europeos. Se negoció y se obtuvo un buen pellizco en el Fondo de Solidaridad para contrarrestar nuestras deficiencias competitivas. Paradójicamente en el periodo enero-noviembre 2017 las transacciones comerciales con la UE arrojan un superávit de 15.728 millones de dólares, un 20% superior al del mismo periodo de 2016. Anécdota significativa: el avance de las exportaciones andaluzas es superior al del resto de las comunidades hasta convertirse en la segunda autonomía exportadora con la particularidad de registrar un superávit con el resto del mundo, lo que no ha conseguido todavía Cataluña.

 

Desde muchas esquinas, nuevas generaciones autonomistas e independentistas, reclaman una segunda transición: ¿democrática o económica? ¿O un mix de ambas? Se puede afirmar con conocimiento de causa que los niveles democráticos españoles son inferiores a los europeos o que la transición económica desde la burbuja inmobiliaria y el estancamiento que provocó no está siendo más rápida y sólida en España que en otros países europeos. Una transición sin devaluación, ya no hay pesetas que devaluar. Una transición, eso sí, con sus costes sociales. Los salarios y el empleo habían tenido una auge espectacular en los años de la burbuja. ¿Cuántos estudiantes no habían cambiado los libros por las obras para comprarse una moto o un piso con un crédito baratito y con la garantía del inmueble adquirido?. Lo ocurrido es bien sabido por todos, como también lo son aquellas palabras del ministro Guindos comentando al presidente de la Comisión Europea “estamos preparando una severa reforma laboral”. Era el precio del rescate o, como se ha llamado oficialmente, del “ajuste”. La flexibilidad de la negociación salarial acaba de confirmarse en Figueruelas. No fue desgraciadamente otra cosa que la dolorosa exigencia de una economía abierta y competitiva que había traído la democracia y el ingreso de España en la Unión Europea.

 

La transición democrática y económica no está siendo plenamente atractiva. No se corrigen las diferencias de rentas y la corrupción escuece cada vez más en las heridas de los más desfavorecidos. También falla sin duda la política. Los partidos y sus dirigentes se alejan en lugar de aproximarse a las necesidades de los trabajadores de Figueruelas y a la hiriente realidad de muchas familias necesitadas. Pero la economía, a trancas y barrancas, y sin desfallecer, sigue dando señales positivas: superávit de la balanza de pagos y un déficit primario (descontados los intereses de la deuda) de las Administraciones Públicas que, por primera vez y desde hace muchos años, está en equilibrio en noviembre de 2017. ¿El tren de los peregrinos en Arabia Saudita y la habilidad de instituciones como Cesce no son acaso un brillante resplandor de la segunda transición?  

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