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Publicado en OPINION Lunes, 12 de marzo de 2018 08:00

Sentencias con imaginación y víctimas ingenuas

Fernando G. Urbaneja | Admite Serra que vió venir la quiebra de CX, y que no actuó. El Tribunal Supremo, en cambio, no sabe. O no quiere saber... En fin, irresponsabilidad y desgobierno.

 

Por la Comisión del Congreso sobre la crisis financiera van desfilando personas de muy diversa condición y capacidad. No sabemos qué saldrá de ese trabajo aunque la experiencia de casos anteriores no es esperanzadora. Entre los últimos comparecientes está el que fue presidente de Caixa Catalunya, Narcís Serra, desde 2005 hasta la intervención por las autoridades con suspensión del consejo y control público. El señor Serra, economista, alcalde, ministro y vicepresidente del gobierno (1979-1995) carecía de experiencia financiera, pero su trayectoria política le llevó a encabezar una entidad financiera. Su gestión resultó desastrosa; no fue la peor de las cajas (demérito de la CAM), ni la más escandalosa (demérito de Bankia) pero sí ha sido una de las cajas que ha consumido más recursos públicos para su rescate.

 

El señor Serra no era ejecutivo como Rato o Blesa, pero era el presidente con responsabilidades de vigilancia y control. Ante el Congreso sostuvo que quiso tomar medidas, pero que no pudo. Que el Banco de España no atendió sus advertencias, que le impidieron renovar el equipo ejecutivo de la caja. Pero no hay pruebas ni testimonios en su día de su fracaso; siguió en la presidencia hasta la intervención. Sus excusas acentúan su responsabilidad, agravada por el hecho de que dice que intuyó o supo que las cosas iban de mal en peor. Sabía, pero no actuó, o no lo suficiente. Podemos concluir que fue una “víctima ingenua”. Algunos comentaristas muy complacientes han concluido que, comparado con otros, Serra debe ser disculpado, que no fue para tanto. Pero la realidad es que encabezaba una de las entidades más desastrosas por méritos propios, por errores de gestión, por ausencia de respeto al riesgo. Bajo su presidencia se volatizaron todos los recursos propios y más. Si no fue a la quiebra fue por un milmillonario rescate. ¡Cuánto cuestan estos presidentes que dicen que vieron el rescate pero no les hicieron caso, se sintieron maniatados y callaron! En resumen, un desastre sin paliativos.

 

Hace poco el IESE Business School publicaba un informe crítico con una sentencia del Supremo que revoca dos de tribunales inferiores, calificando una operación financiera denominada swap como “compleja y de difícil comprensión… que requiere profundos conocimientos sobre el funcionamiento de los mercados”. En consecuencia, sentencia que el contrato de swap es nulo y el banco debe restituir principal e intereses al cliente demandante. El informe viene a decir que los magistrados del Supremo, todos con alta cualificación jurídica, no han hecho el más mínimo esfuerzo para comprender el caso, que la palabra swap nubló su entendimiento y que en vez de buscar una explicación (que era sencilla y accesible) optaron por el mínimo esfuerzo. Una sentencia imaginativa que aconseja reforzar la educación financiera de los magistrados y su procedimientos, es decir, proponerles que si no lo entienden a la primera, pregunten. Entre víctimas ingenuas y escapistas que no quieren trabajar, la seguridad jurídica se va a pique, el gobierno societario se convierte en desgobierno y la irresponsabilidad domina en escenario.  

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