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Publicado en OPINION Lunes, 04 de junio de 2018 08:30

El gobierno español en vía experimental

Fernando G. Urbaneja | De forma súbita, inesperada, el Parlamento español ha habilitado mediante una constitucional moción de censura contra el gobierno de Rajoy, un nuevo gobierno que devuelve al país a sus viejos fantasmas del primer tercio del siglo XX: coaliciones multipartidista y fraccionales.

 

Pedro Sánchez, un joven con escasa trayectoria, lidera con silencios y astucias el viejo partido socialista que ha sido protagonista esencial de la Transición y la democracia española tras la Constitución de 1978. Y desde ese liderazgo ha protagonizado un golpe de mano parlamentario que nadie anticipó ni imaginó hasta el mismo día de su consumación.

 

Sánchez desahucia a Rajoy y al PP para instalarse en la Moncloa (sede de la presidencia del gobierno) la próxima semana. Rajoy todavía se pregunta ¿qué ha pasado?, ¿me han despedido? El nuevo presidente llega sin programa ni contrato de gobierno, encabezando una coalición de seis de los ocho grupos parlamentarios registrados en la Cámara. Grupos que suman 180 diputados (de 350) agrupados en torno a una veintena de partidos situados en la izquierda y en el nacionalismo independentista catalán y vaco.

 

El nuevo Presidente intuyó la oportunidad de captar (por un día y a su favor) el voto contra Rajoy, un sentimiento sembrado con la crisis, que es el pegamento de la informal y coyuntural coalición que vuelca la política española hacia la izquierda cuando las encuestas muestran un sesgo claro hacia el centroderecha con un partido político emergente: Ciudadanos.

 

Sánchez va a componer un gobierno monocolor de su partido (el PSOE) sustentado en 85 diputados (incluidos 7 del partido socialista catalán que goza de autonomía) que necesita del apoyo de varios de los otros grupos que hasta ahora eran oposición con los que no tiene acuerdos y a los que solo unía el rechazo de Rajoy. También les une el temor al sesgo de las encuestas que colocan en primer lugar a Ciudadanos con una intención de voto de casi el 30%. Despedir a Rajoy y aplazar las elecciones generales agotando la actual legislatura (junio 2020), sustenta al gobierno Sánchez que gozará solo un minuto de gozo, la entrada en la Moncloa. A partir de ese minuto, llegará el sufrimiento perpetuo de la impotencia. 

 

La democracia española entra en una vía experimental que deja de lado los valores de estabilidad y previsibilidad que caracterizaron los últimos cuarenta años. Vuelve los demonios del primer tercio de siglo con la agónica monarquía de Alfonso XIII y la II República. Muchos partidos, inestables y fraccionales, mucha confrontación, y pobres resultados.  

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