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Jueves, 18 de octubre de 2018
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Publicado en OPINION Jueves, 11 de octubre de 2018 08:00

Salario mínimo de 1.000 euros: ¿posible, deseable?

Fernando G. Urbaneja | El objetivo de que el salario más bajo supere los mil euros al mes (a tiempo completo, 14.000 euros al año) ha entrado en la agenda política y social inmediata por iniciativa de Podemos, secundada con tibieza por sus socios socialistas.

 

Los sindicatos han incorporado ese objetivo a la negociación colectiva para convenios sectoriales o territoriales que hoy contemplan tablas salariales mínimas por debajo de esa cifra. El último acuerdo entre patronal y sindicatos (el IV AENC), firmado recientemente, no incorporó esa reivindicación, aunque algunos convenios (por ejemplo, empresas de trabajo temporal) acuerdan estos días asumirlo en el horizonte del 2020.

 

Un sucinto repaso a grandes convenios nacionales en vigor refleja que los hay (construcción, química, grandes almacenes, publicidad, que suman más de 1,7 millones de empleados) con salarios mínimos superiores a esa cifra, pero que otros muchos convenios (enseñanza, atención social, madera, peluquerías… con más de un millón de trabajadores) colocan el mínimo anual entre 10.000 y 12.000 euros. Elevar esos mínimos significa un esfuerzo y un riesgo para el empresario, que tendrá que ponderar si puede asumirlo y cómo intentarlo.

 

Este mismo mes de octubre Jeff Bezos, presidente de Amazon (quizá la persona más rica del mundo y la empresa con mayor capitalización bursátil) anunció que su salario mínimo por hora será de 15 dólares, frente a los 7,5 contempladas en la legislación vigente en Estados Unidos. A principios de año Walmart (otra de las grandes empresas con mala fama por sus bajos salarios) aceptó la cifra de 11 dólares como retribución mínima por hora. Poco antes el Estado de Nueva York fijó en sus presupuestos el objetivo de los 15 dólares para finales de 2019. Y un referéndum en el mismo estado reclamó mayores salarios en la hostelería y rechazo a que la propina constituya una parte relevante de la retribución del servicio.

 

La reivindicación de salarios mínimos suficientes, “eficientes” en terminología académica (léase la obra de la doctora Janet Yellen, anterior presidenta de la Reserva Federal) no es nueva y ha vuelto para instalarse en todo el mundo con consecuencias inmediatas.

 

En enero de 1914 (un siglo cumplido) Henry Ford hizo uno de sus anuncios históricos que cambiaron las relaciones industriales: dobló el salario diario de sus trabajadores hasta 5 dólares, al tiempo que reducía una hora la jornada (de nueve a ocho horas), con el compromiso de estabilidad, tres turnos y bajo absentismo. Consiguió ambos objetivos, la productividad mejoró en más del 50%, los precios de los coches bajaron a la mitad (vendieron muchos más) y los beneficios crecieron un 20%. La subida a 5 dólares no fue un ejercicio de generosidad, sino de inteligencia, sostuvo más adelante Ford, un empresario nada amable con los sindicatos.

 

¿Sería inteligente llegar a esos 14.000 euros mínimos anuales en España en un futuro cercano? La respuesta está más en los empleadores que en la ley, porque imponer la norma si acentuara el miedo a emplear podría tener penosas consecuencias finales con menos empleo y menos capacidad de consumo y de recaudación.

 

La decisión de Amazon y Walmart marcan tendencia, también las ETT que en España asumen ese objetivo inmediato, que bien merece un debate ciudadano y político de alcance. Uno que vaya más allá de los tópicos inanes y fatalistas de que, a más salarios, menos empleo y de que a menos salario, más productividad. Hay combinaciones más inteligentes y prometedoras.  

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