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Publicado en NOTICIAS DESTACADAS Miércoles, 18 de abril de 2018 08:00

El FMI prevé un crecimiento global del 3,9% para 2018 y 2019, su mayor ritmo desde 2011

Intermoney | El “Informe sobre la estabilidad financiera mundial” (GFSR) del FMI tomará el relevo a las perspectivas globales de la institución, dibujando un escenario similar al conocido ayer y que se caracteriza por los riesgos equilibrados a corto plazo frente al dominio de los tendentes a la baja en el medio plazo.

 

En los últimos años, el organismo internacional se ha caracterizado por poner en el centro de sus análisis los riesgos, lo cual no evita que actualmente sus alertas se alineen con las dudas de los inversores hacia el medio plazo y a las que achacamos al comportamiento reciente de los mercados de renta variable. En este contexto, no habrá que perder de vista los riesgos aunque tampoco deberá sobrerreaccionarse ante los mismos, si bien el GFSR apuntará que “los riesgos a medio plazo, derivados de las condiciones financieras expansivas, se mantienen muy por encima de los niveles históricos”.

 

En conjunto, las reuniones de primavera del FMI y el Grupo Banco Mundial transmitirán un escenario positivo a corto plazo, pero presidido por los riesgos y las presiones a la baja a partir del horizonte de dos años. Esto explicaría que se mantuviesen las previsiones de crecimiento a escala global en 3,9% para 2018 y 2019, siendo minoradas posteriormente hasta apuntar cifras algo por encima del 3,7% hasta 2023. La realidad es que con la información disponible, la actitud responsable consiste simplemente en alertar sobre los riesgos a la baja. El proteccionismo y las tensiones geopolíticas que dan lugar a un menor apoyo popular a la integración económica internacional son dos cuestiones que suelen dominar las alertas, aunque mayor importancia cobra la posibilidad de asistir a un deterioro de las condiciones financieras. En este punto insistirá hoy el GFSR, siendo el resumen sencillo al apuntarse que la progresiva normalización de las políticas monetarias de los grandes bancos centrales acabará por plasmarse en condiciones financieras menos generosas, sacando a la luz algunos excesos que obligarán a vigilar la deuda con especial atención.

 

Hasta este punto, desgraciadamente, no vendrá a incidirse en ninguna cuestión nueva. Así, en un momento en el que atesoramos mayor preocupación hacia el medio plazo, creemos que resulta conveniente retornar sobre varias cuestiones apuntadas en la presentación de las “Perspectivas de la economía mundial”. En primer lugar, la posibilidad de ahondar en los desequilibrios ligados a un déficit por cuenta corriente en Estados Unidos (-2,4% PIB) que es superior a lo justificable en base a los fundamentos económicos, el cual convive con los superávits excesivos en otros países. Por ejemplo, a nivel agregado de la Eurozona, el superávit por cuenta corriente acumulado a 12 meses equivale al 3,6% del PIB. Además, sin dejar Estados Unidos, la reforma tributaria deberá empezar a perder empuje a partir de 2020 y, especialmente, desde 2023 “cuando comience a eliminarse gradualmente la posibilidad de contabilizar la totalidad de las inversiones como gasto”. Una situación que llegará cuando más se necesitará el empuje de los estímulos. Momento en el que la estrategia China acabará por reflejarse en avances más moderados de la economía, al tiempo que los países europeos sufrirán su menor capacidad de crecimiento.

 

Las anteriores cuestiones no deberán olvidarse bajo una perspectiva de medio plazo, aunque durante la sesión mandará el ruido del corto plazo. Las noticias que han servido anteriormente a forma de excusa para aflorar otros temores siguen presentes e, incluso, han evolucionado hacia un estadio más preocupante. La prohibición de Estados Unidos a las firmas de su país para vender componentes o software a la empresa china ZTE son más preocupantes que los aranceles ya propuestos, sobre todo, cuando coinciden con la amenaza de Rusia a Estados Unidos de no vendarle materias primas clave como el titanio.

 

A efectos prácticos, los aranceles juegan en contra de la actividad pero impedir comerciar con determinados bienes y servicios, puede llegar a bloquear la actividad de algunas empresas o sectores enteros. Sin embargo, estas noticias pasaban desapercibas, aunque quizás como consecuencia de un entorno en el que los resultados empresariales y las reuniones FMI – Banco Mundial permitían centrar la atención en otras cuestiones.

 

De hecho, tampoco parecía importar el apunte de Trump hacia las inaceptables valoraciones del yuan y el rublo, aunque este apunte ignoraba que Estados Unidos es en gran parte culpable de los actuales niveles de la cotización de la divisa rusa. Por un lado, mediante el desarrollo de los hidrocarburos no convencionales que han castigado los ingresos vía petróleo de Rusia y, por otro, debido a las ramificaciones de las sanciones impuestas.

 

A pesar del ruido de fondo, los mercados pueden seguir disfrutando de cierta tranquilidad ante un dato final de IPC de marzo en la UEM que no dará sorpresas (1,4% a.) y las cifras de 2,7% a. de su homólogo británico que allanará el camino al BoE para abordar una subida de tipos en mayo. Por su parte, en Estados Unidos, las referencias escasearán y desde la Fed no llegarán grandes novedades con Dudley (Nueva York) dibujando una línea de acción continuista y el Libro Beige apuntando el freno pasajero de la economía estadounidense durante el 1tr18.

 

Entre todos estos puntos, sobresaldrán los resultados de Abbott, American Express y Morgan Stanley que, de no defraudar, pueden hacer que el buen tono persista en las bolsas. Esta situación llega en un momento en el que la última encuesta de Bank of America Merrill Lynch apunta que los inversores han recortado su exposición a las empresas tecnológicas, pero también a la renta variable, en general, al situarse en mínimos de 18 meses. De momento, el 18% de los encuestados creía que el pico de las bolsas ya se habría visto frente al 40% que estima llegará en el segundo semestre y el 39% que apunta a 2019.  

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